martes, 13 de octubre de 2015

Angustia - Prisoners

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¿Cómo se empieza exactamente una entrada? Supongo que un "buenos días" podría funcionar si no fuera porque al otro lado de la ventana el cierzo no deja que las nubes se acumulen y rompan a llorar. Hoy, un martes y 13, el cielo de Zaragoza nos hace esto a los mañicos:



¡Y yo que quería daros buena impresión y alegraros la tarde! Me parece a mí que no. Y es que no sólo me he encontrado un día verdaderamente asqueroso al levantarme (si lloviera en tromba como pasó ayer creo que tendría la cabeza más despejada); es que llevo un par de jornadas con un nudo de angustia en la garganta que me ha desbordado hace apenas unas horas.

Llevo años considerándome invisible. Al principio fue una condición auto-impuesta y defensiva. La ideé ante los ataques diarios de un puñado de niñatos sin escrúpulos que, como no eran queridos en sus putas casas, desfogaban su ira primaria y sus frustraciones con quien menos culpa tenía: yo.

Llegué a mi adolescencia con el impermeable puesto, pasando desapercibida no sólo ante los compañeros: los profesores tampoco mostraban demasiada curiosidad ante una alumna reservada y solitaria con un historial de notas mediocres.

Como en otra vida fui uno de los generales de mayor rango de Hitler el señor Don Karma me puteó desde otra perspectiva. Padecí una dolencia física que con un poco de más mala suerte podría haberme llevado a la tumba y que "sólo" se contentó con dejarme una tara estética que se niega a abandonarme. La protección que me confería la invisibilidad pasó a ser prioridad número uno; esa parte tóxica de mí me instigó a ocultarme, susurrándome que si me evadía en un mundo paralelo podría escapar de la mierda de realidad que tenía.

Y lo hice creando a Julia.

Ya había escrito antes, por supuesto. La mayor parte eran fanfics, o relatos con los que gané premios en el instituto, pero nunca había llegado a nada que no fuera un word con 100 páginas que terminaba guardado en una carpeta sin nombre, desterrado entre bits.

Cuando ya tenía algo a lo que llamar borrador tuve un par de opiniones, ni más ni menos que las que me esperaba. La historia que había engendrado no estaba destinada a que la leyera NADIE más... pero al fina terminaron convenciéndome de que no fuera estúpida, que al menos lo subiera a Amazon, o a algún blog (aunque al final la historia va a salir bajo el ala de una editorial y con una agente literaria de lo más eficiente que me hizo saber que sería Mi Sombra). No es que me hiciera mucha ilusión publicar, pero me sentía bien burlándome de mí misma en el sentido autodestructivo de "no le va a gustar a nadie y vas a caer en el olvido". ¿Que por qué no me hacía ilusión? Porque en la re-lectura me di cuenta de dos cosas: que la gente podría interpretar que yo he vivido muchas escenas descritas (ojalá) y que la protagonista y yo nos parecemos demasiado. Eso suponía crear hipotéticos hilos de amistad unilaterales con gente desconocida y, por lo tanto, imposibles de controlar. Y debéis creerme cuando os digo que cierto maniático del control universalmente conocido PALIDECE a mi lado. Control es mi segundo nombre, después de invisible.

Volviendo a la angustia: ¿cómo os sentiríais si hubierais sido invisibles 24 años y de repente (y por necesidad) os sacaran a la luz para ser el centro de atención de algo? Estoy haciéndome a la idea de que las presentaciones son esenciales para que Julia nazca y la conozcáis... pero todos los cambios que va a experimentar mi mundo me aterran. Si llega la fecha y veis a una chica pequeña corriendo desesperada hacia la salida más cercana DETENEDLA u os quedaréis sin conocerme.


Mientras intento asimilarlo todo no me queda otra que distraerme, pero eso el otro día me llevó a sentir todavía más angustia. Y es que en La 1 emitieron...


PRISONERS - PRISIONEROS


Y lo flipé. Antes de empezar con una especie de resumen por mi parte os la voy a recomendar encarecidamente. Si NO la habéis visto no sigáis leyendo, ¡por los dioses!



La película comienza con una estampa idílica, pero no del palo de "oh, todo es muy bonito". No, realmente dan asco, te hacen mirar a tu familia y decir "¿por qué nosotros no nos queremos tanto?". Para empezar, que tu padre sea Lobezno ya de por sí mola bastante.



Está claro que Grace Dover, el personaje femenino de la mujer de Lobezno interpretada por Maria Bello, se lo pasó genial engendrando a sus dos churumbeles, a saber: el típico adolescente asocial (Dylan Minnette aka Ralph Dover) y una niña adorable (Erin Gerasimovich / Anna Dover). 

Los Dover son amigos de los Birch. Viola Davis es Nancy, Terrence Howard es Franklin, Zoe Borde es Eliza y Kyla Drew Simmons interpreta a Joy; en una de sus comidas de amistad y despendole (estando los padres un tanto piripis, todo hay que decirlo) Joy Birch y Anna Dover desaparecen sin dejar rastro. Los padres sabían que las pequeñas habían acudido a casa de los Dover a por el silbato rojo de la pequeña Anna, pero les habían dicho a las dos pedugas que avisaran a sus hermanos mayores para no ir solas (cosa que no hacen).

Empieza entonces la angustia y algo que me encanta: cómo ante una situación límite como es la desaparición de un hijo la mente humana evoluciona en varias direcciones. La madre de Anna, Grace, va a pasar el resto de la película en una nube de ansiolíticos, la madre de Joy intenta hacer ver que está bien dadas las circunstancias en pro de sacar información, el dolor que inunda a Franklin le hunde y la impotencia de Lobezno le hace convertirse en un ser desesperado y furioso (yo creo que también sería Lobezno, lo admito).

Aparece en escena el detective Loki (es el nombre del personaje, lo juro por los dioses, no es Tom Hiddleston, el actor se llama Jake Gyllenhaal). Loki el loker detiene en cuestión de un par de horas a un tal Alex Jones interpretado por el extraordinario, increíble y adorable Paul Dano. No podéis ni haceros una idea de lo mucho que admiro a Paul Dano. Me enamoré de él, supongo, cuando vi Pequeña Miss Sunshine.


Alex Jones huye de Loki el loker, aterrorizado, y se estampa contra unos árboles. Termina en comisaría, como es obvio, pero en la sala de interrogatorios se dan cuenta que de Alex no sacarán mucho. A primera vista parece que padece un retraso mental (no me gusta el término, pero ahora mismo no se me ocurre otro mejor) bastante agudo. Informan a las familias de la detención y desmontan la caravana de Alex de arriba a abajo. Hablan con su tía política, Holly (Melissa Jones), la cual le adoptó después de que su cuñado y su novia murieran en un accidente, y ha cuidado de él incluso cuando su marido la abandonó tras una fuerte discusión.

Pasan las 48 horas de rigor. La angustia de ambas familias aumenta cada vez más por no saber dónde están las niñas, pero están "tranquilos" porque el culpable (para ellos) está detenido; por eso no entienden cómo es posible que dejen suelto a Alex apenas dos días después de detenerle. Lobezno va al parking de la comisaría y casi le pega un par de hostias con la mano abierta al grito de "¡Dime dónde están!". Ante tal despliegue homicida lo único que sale de los labios de Alex Jones es "No lloraron hasta que las dejé". El espectador entonces lo flipa: es la prueba definitiva de que Alex es culpable y de que, encima, le están soltando. Y no sólo eso, sino que lo ha medio reconocido con un recochineo propio de un psicópata de libro.

Te cuentan entonces cosicas de Loki el loker: realmente nadie le toma en serio, porque le dice a su jefe que vigile a Alex Jones y él le contesta más o menos esto:



Y también le dice a Lobezno que no haga ninguna locura y él hace esto:

Para luego dejarle la cara tal que así.


La verdad es que llega un momento en la película en el que a todo el mundo se le va la pinza. Y encima los guionistas han ido dejando pequeñas miguitas de pan que te gritan que Alex Jones es inocente. Loki lo intuye, pero no tiene pruebas fehacientes a favor ni en contra.

Después de muchos minutos de desesperación y torturas a Alex se descubre el pastel: el muchacho no es que sea tonto, es que ha estado veintipico años drogado hasta las cejas de Ketamina y no sabe ni cómo se llama. Y es que la apacible señora Jones en realidad es una secuestradora y asesina de niños, Alex fue su primera víctima y se encaprichó de él. Ella es quien mantiene retenidas a Joy y a Anna (aunque la primera logra escapar, poniendo en la buena dirección a Lobezno, que va a casa de la abuelita y recibe un tiro en la pierna que huele a Karma). Al final la abuela la palma (aunque antes de hacerlo suelta la frase épica de la película: Hacer desaparecer niños es la guerra que le hemos declarado a Dios. Hace que los padres pierdan la fe, que se transformen en monstruos), las niñas se salvan y Lobezno también, aunque se intuye que va a pasar un tiempo entre rejas por el secuestro, tortura y casi asesinado de Alex Jones. No, en serio, es que llega una parte de la película en la que le mete en una ducha que sólo tiene dos temperaturas: Ártico y Mordor (bueno, la verdad es que se parece un poco a la mía).

Hasta Alex vuelve a casa; muy limpito, eso sí, después de un par de días bajo el agua.


¡Después de semejante parrafada espero vuestros comentarios! Está saliendo el sol :)

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